MDS 2022: «Crucé la meta con la promesa de volver por mi Sub3h»

Soy Andrés Hernández, Profesor de Educación Física y Entrenador Personal, este domingo 8 de mayo fui uno de los corredores que se desafió en el Maratón de Santiago con los 42K, y acá está mi Race Report.

6:30 AM
Suena la alarma de mi celular. Desperté tranquilo, sin nervios, sin ansiedad y muy seguro. Inmediatamente me voy a la cocina para tomar mi desayuno, el cual por lo general antes de los 42 kilómetros es un pan con manjar y una taza de café. Aquí una gran diferencia con respecto a años anteriores, ya que cuando partíamos en la moneda me dirigía a las proximidades del palacio de gobierno, y en mi auto tomaba desayuno ya estacionado, lo más próximo a la plaza de la constitución. 

Esta vez preferí llegar en metro, ya que el horario de partida se fijó a las 8:30 horas, después de las tres olas de los 21 kilómetros. Cuando supe esto me decepcione mucho de la organización, y me sumé a las críticas de muchos de mis amigos corredores. Recordé que hace algunas semanas atrás recibí un correo de la organización señalando que por estar inscrito desde el primer periodo tendría la chance de elegir mi horario de partida. Finalmente, el maratón tendría un solo horario de salida. 

Ya asimilando los cambios que no fueron menores, porque este maratón 2020 tendría como punto de partida el Estadio Nacional, ubicado en la comuna de Ñuñoa, lo cual me tenía muy contento ya que soy vecino de esta comuna… En fin, uno debe adaptarse con buen ánimo. Justo antes de salir me escribe Valentina. Una querida alumna que participó en los 21 kilómetros. “Profe ya voy en el Uber está lloviznando”. El mensaje no me sorprendió ya que mire sagradamente desde el inicio de semana como estaría el tiempo. Caminando rumbo a la estación del metro Plaza Egaña siento la leve llovizna caer, me encanta este clima, pensé: «está ideal para correr el día».  

Una vez en el andén me fue muy fácil identificar a otros corredores, algunos bien abrigados como yo que lleve sobre mi tenida deportiva un polerón, corta viento y buff, y otros que se fueron de corto y polera. Sus bolsas dejaban ver el color de los números mientras pasaba frente a mí un muchacho grabándonos con su cámara muy top. De seguro parte de la productora para el video oficial. 

Llegue estación Parque O´Higgins a las 8:00, los corredores de 21 kilómetros bajaron muy rápidamente las escaleras para salir rumbo al parque. A lo lejos se escuchaba al locutor llamando a encajonarse a los participantes de la última oleada. 

Llegó el esperado momento de correr. Una vez terminado el trámite del baño y guardarropía me dirigí rumbo al encajonamiento, inmediatamente extrañé la posibilidad de encajonar según tu tiempo de carrera obtenido en alguna maratón pasada. Pero no me detuve mucho en eso, ya que este maratón me lo tomé de manera diferente a todas las anteriores. La falta de motivación y de entrenamiento adecuado me hizo llegar con la idea de cruzar la meta entre 3:30 y 4 horas. No llegué bien preparado para ni siquiera soñar con alcanzar mi mejor marca, tampoco paso por mi mente correr 21 ó 10 kilómetros. Lo que sí me propuse fue disfrutar del evento pedestre más importante de nuestra ciudad y aportar con mi granito de arena para hacer de este maratón una carrera de gran nivel año a año. Me quise dar el tiempo de poder observar con mayor detención a las personas que nos salen a alentar en el circuito, al complejo panorama de los automovilistas que con sus bocinas y molestias se enfrentan con Carabineros, banderilleros y uno que otro corredor. También me propuse ayudar a algún corredor que necesitara atención y, por supuesto, cruzar algunas palabras de aliento con mis amigos en el circuito. 

Kilómetro 0 la cuenta regresiva comienza. Al principio avanzamos lentamente hasta que poco a poco llega el momento de comenzar con el trotecito lento antes de ir por el ritmo inicial. La salida del parque fue un poco estrecha, logré ver que no todas las puertas se encontraban habilitadas para nuestro paso.

Una vez en calle Rondizzoni busqué un ritmo cómodo, sentí calor hasta el kilómetro dos, tanto así que me saqué mi visera y sequé el exceso de transpiración de mi frente. A partir del kilómetro tres logré percibir el agradable clima y recordé lo duro que fue el año 2019 cuando nos tocó una tremenda ola de calor.
Estaba feliz con el clima, por lo general me adapto muy bien a las condiciones meteorológicas. Mientras avanzaba por Av. Matta mis pensamientos estaban enfocados en correr fresco y ligero, en ese momento me encuentro con un amigo de años Juan Carlos perteneciente al Team Correcaminos. Cruzamos algunas palabras, y nos deseamos suerte y éxito mutuamente. Ya una vez dejado atrás el primer puesto de hidratación puse en marcha mi plan de carrera, ritmo entre 5:00 y 5:30, y para la cabeza hacer una especie de teletransportación de kilómetros.
Como en las versiones anteriores el punto de partida fue La Moneda utilicé esta diferencia a favor para hacerle creer que ya pasaron 10 kilómetros y no 5, creo que me funcionó, ya que la única molestia que sentí fue un leve dolor en mi cadera izquierda molestia que se esfumo en el kilómetro 25.
Durante la primera mitad la llovizna se intensifico un par de veces, pero nada que me impidiera correr cómodo. Un poco antes del K23 me encontré con mi gran amigo Cristián Herrera, él junto a su esposa Claudia estaban alentando con su desbordante energía.  

Kilometro 28 se terminó la subida de Américo Vespucio, atrás quedo Escuela Militar en donde logré ver a una orquesta justo en su entrada principal, también quedo atrás la llovizna, se venía el famoso muro. De apoco fui observando corredores con problemas de calambres, principalmente en sus gemelos e izquiotibiales. De manera espontánea salió de mi boca un grito “tranquilo que pasa”

Kilometro 32, una leve molestia en el abdomen me acompaño mientras avanzaba por Andrés Bello, nada de importancia mientras veía cada vez a más corredores con problemas de calambres. Yo seguí a ritmo dosificado y pidiéndole al muro que sea buena persona conmigo.  Logré que fuera así, ya que solo percibí un amague de calambre en mi brazo izquierdo el cual pude controlar con éxito. 

Kilometro 36, luego de otro amague de calambre un poquito más serio que el de mi brazo izquierdo, el gemelo derecho igualó un poco mis hemisferios, por suerte relajé bien y logre mantener el ritmo sin mayor contratiempo. La estrategia de los geles me permitió llegar bien a los últimos 5 kilómetros del circuito. Estaba frente a La Moneda, por mi mente pasaron muchos momentos vividos cuando me toco cruzar la meta en el que hoy sería el kilómetro 37. 

Durante varios metros me enfoqué en mi cabeza para configurar que la meta estaba un poco más allá. Llego el momento de regresar los 5 kilómetros que pedí prestado al principio del maratón. En estos momentos lo único que quería era ir descontando kilometro tras kilómetro. Al doblar por calle Almirante Latorre enfilamos por los últimos kilómetros, por suerte para nuestras piernas nos guiaron por la ciclovía de esta manera esquivamos los famosos adoquines.

En calle Beauchef me llamó la atención lo rápido que llegue al kilómetro 41, la distancia no me cuadraba, ya que recién estaba al principio del parque. Ese kilometro se me hizo eterno, tal vez alguien movió el numero o tal vez ya no tenía energías para mantener el ritmo. Lo cierto fue que bajé mi ritmo y me mantuve tranquilo, ya que la tarea estaba realizada.

Al entrar al parque muchos corredores de otras distancias regresaban a sus hogares mientras el camino final se llenó de personas alentando. Metros finales y veo el arco de meta que marca 3 horas 42 minutos. Cruzo con los brazos en alto, feliz de cerrar este largo ciclo con la promesa de volver a entrenar con todo y lograr por fin el anhelado sub 3h en la distancia.